
El cartel de David Rubín de este año. Hacúia bastante tiempo que no me pasaba por el Saló. En esta ocasión no estuve mucho tiempo, el justo para echar un ojete a ver como estaba el asunto. Buenas migas con los coleguitos de toda la vida, encuentros sorpresivos (Bernoooowski, que siempre aparece al lado de la cerveeeza, hehehe), nuevas adquisiciones, cerveza y licor-café, todo ello en un ambiente de lo más agradable. El Saló sigue siendo una gran tienda, pero, serán los años, se me hace entrañable verme rodeado de frikis y observar como las generaciones de fans se suceden una detrás de la otra. Los disfraces, los autores, los cabrones que especulan con obras maestras, las diversas tipologías frikescas: como en casa, vamos. Es curioso tener la sensación de estar en familia cuando no conoces más que a 4 o 5. Curioso, si. Hasta el año que viene.

