My life as a commuter

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Intenso día el de hoy. Comenzamos el trabajo de campo con la fase de pruebas. Todo el día con la hermosa Claire. Madrugón del copón. Creo que no me levantaba tan temprano desde aquellos viajes al Sur de mi infancia. El campo es muy divertido, combina dos de mis pasiones: el sonido y su registro y la interacción con gente. Todo con un mismo propósito: saber qué opina la gente del sonido que los rodea. Vivimos rodeados de personajes de película que superan la ficción. Hoy nos encontramos y hablamos con un quiosquero que no quiso ser grabado, una vendedora de entradas emplumada y con acento extranjero que no se quiso pronunciar, un policía sonriente (si, existen) que nos remitió al comité de prensa de la Guardia Urbana, una suerte de diseñador gráfico barcelonita, una multitud de adolescentes francesas, un turista rumano muy sensitivo, un esqueiter manchesteriano haciendo gala de su tecnofilia aural, un señor muy mayor que quería oir catalán por todas partes, una pareja de turistas recién llegados que no tenían ni idea del aparato fotográfico que se acababan de comprar, dos jovencísimo marinos mercantes argelinos con ganas de marcha y mucho, muchísimo viento. Probablemente el día más ventso del año. Los mástiles repiqueteaban, los cables y cuerdas silbaban, los árboles y las semillas rugían, el carrusel cantaba “bajo del mar,” la camarera del aragonés se descojonaba de risa (todavía no se si por masoquismo o por que realmente le hacíamos gracia) y nosotros nos afanábamos en ser observadores de oreja. Anotábamos, escuchábamos, sacábamos fotografías, abríamos trípodes, desenredábamos cables, posábamos bolsas en el suelo…
A la vuelta di en sentarme al lado de tres marujas catalanas de estas que mantienen viva la llama del amor vía matrimonial. Me ofrecieron chicle y acepté agradecido por la atención. Contaban lo maniáticos que son sus maridos, lo poco que gustaba alguna de enseñar sus piernas, lo que disfrutaron del día de fiesta, lo intenso de los olores de sus hijos. Casi agradecí que mi iPod se estropease, espero que momentáneamente. Forzado, pues, a la escucha social, imposible el aislarse y dormirse un poco, degusté cada palabra mientras me hacía el longuis echando un solitario (esto si que funcionaba) para acabar de una vez por todas con la poca batería del aparejo. Al llegar a casa preparé mi primer mate siguiendo los consejos de la supermami. No es que me quedase de vicio pero seguro que fue mejor que mi primer cigarrillo liado, mi primera comida (todavía la recuerdo) o mi primer polvo (sex is violence; cuanto amorrrr!!). En fin. Día completo. Todavía es pronto para dar sonidos.

El mapa es de Google Maps.

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