Accesos

De “Sociedad de la información.” Es una pena, pero por un asunto compañeril que roza lo conyugal me he quedado (por el momento, se insiste) sin internet en casa. Y cuánto cambia la cosa. No, no solo por el acceso a la pornografía, que en locutorios, bibliotecas y salas de ordenadores universitarias se torna imposible para los tímidos, sino por el acceso a eso mismo, la información. La comodidad y el estar conectado constantemente son una ventaja a la que estoy deseando acostumbrarme desde hace 6 o 7 años. El engorro de acceder a internet en lugares públicos es la precariedad del día a día. No deja de ser curioso que esto sea un sentimiento compartido por mucha gente cercana. Y no deja de ser paradójico que para acceder a un lugar social se desee hacerlo desde la privacidad de lo doméstico. Anyway, lo ritual, lo simbólico sigue presidiendo mucho de los actos cotidianos. Como ese desconectar el cable de red o apagar ese receptor de wifi cuando uno no usa el acceso a la red. Quizá miedo a un contagio, quizá pavor al control bigbrotheriano (volvemos a Orwell, esta vez empapado de un Turner selvático con ramalazos Frazerianos, toma ya!), lo cierto es que muchos tratamos te tener cuidado con los accesos, puertas, ventanas, bocas, narices, incorporaciones, desagües, desembocaduras, cerraduras y otras hierbas. Asustados por los espacios parcelados más allá de las mentes dementes de muchos de los que prevén sus usos. Hoy tengo más claro que nunca que las cosas se construyen de abajo a arriba: del hecho al dicho. Muy importante es no confundir la velocidad con el tocino.

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1 comentario
  1. Viktor dijo:

    No quiero,estimado Mglon, dar la impresión de que no comprendo la gravedad de su probelam pero admitirá que a los hackers de las novelas de William Gibson estas cosas no les pasan. Cogen un canuto o un mechero bic y en un pispas consiguen conectarse a la red y que la factura la pague la Embajada de Latveria. Ah, la literatura…

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