Pasarán más de 1000 años

Imaginemos una ciudad en medio de la nada. Una ciudad con sus costumbres, sus instituciones, su ley y su historia. Imaginemos que, de repente, uno de sus ciudadanos, rebotado por cualquier movida, decide que la organización del lugarno es lo suficientemente buena para él y sus coleguitas. Así pues, el tipo en cuestión, un buen día, tras mucho pensar decide que va a hacer algo. Pilla la pipa de su bisabuelo, se va al Ayuntamiento y le pega un tiro al alcalde mientras que sus coleguitos pasan por el fusil al resto del gobierno y, no sólo eso, sino que esparcen sus restos por sabe-dios-dónde. Así pues, crean un “nuevo orden” en el que los que defiendan al “antiguo régimen” van derechos a 2 metros bajo tierra. Y así pasan más de 50 años, con las fronteras de la ciudad cerradas de par en par y con parte del personal acojonado por las consecuencias que lo que puedan decir les podría acarrear, y parte del personal con un tono subido y dándoselas de jefotes. Al final, parte de los acojonaos junto con unos hijos que han aprendido a tener que callarse por poca gracia que les haga, empiezan tímidamente a aprender y enseñar cosas de un pasado que pocos se atreven a escuchar. Al final, el agitador la palma de viejuno y se monta la de San Quintín. Las institutciones se vuelven a montar partiendo de lo que había habido durante estos 50 últimos años, la historia se vuelve a construir, la ley tres cuartos de lo mismo, etc. Se pacta que no se hablará más del asunto. Pero queda una pequeña porción de la memria de esta peñita a la que pasaron por los fusiles. Un buen día aparece un juez que dice que el tipo que mató al alcalde fue un criminal que se pasó por el forro la ley y que no es tan diferente de otros que hicieron lo mismo. Y todavía hay gente que dice que Grazón ha perdido la cabeza.

Aquí la noticia. Aquí la crítica de los hijos de los subversivos. Aquí la opinión de los chamanes. La foto la encontré aquí, pero no me acuerdo de quién es

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3 comentarios
  1. Viktor Von Doom dijo:

    Joven, le recuerdo que además de en el barranco de Víznar también hay gente enterrado en Paracuellos y que sí, está Companys pero también Andreu Nin
    (Vea “Tierra y Libertad” de Ken Loach o lea “Homenaje a Cataluña ” de Orwell). Por lo demás , usted lo explica perfectamente, la ley de memoria histórica sirven principalemnte para meter el dedo en el ojo a los que usted califica como “hijos de los subversivos” , o sea al PP. No tiene más finalidad que esa. Bueno sí, tiene otra: que los republicanos ganen retrospectivamente la guerra civil.
    Por cierto, dado que yo tuve un abuelo en cada bando supongo que sólo soy medio nieto de subversivo siendo mi otra mitad es absoluta y purísimamente demócrata.

  2. Viktor Von Doom dijo:

    Ah, y al foto es de Robert Capa que además ha sido noticia estos días.

    La fotografía de Robert Capa ‘Muerte de un miliciano’ fue real
    4 votos 18 comentarios
    16/10/2008 | Actualizada a las 19:19h La Vanguardia
    Londres. (EFE).- ¿Fue o no fue un montaje?. La duda que ha perseguido a la famosa foto ‘Muerte de un miliciano’, que tomó Robert Capa en la Guerra Civil española (1936-1939), parece disiparse en Londres, donde una exposición sugiere ahora que no hubo ni trampa ni cartón.

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    PALABRAS CLAVE

    Londres, Robert Capa, Vietnam, Guerra Civil, Muerte, Borrell, Museo Nacional, Nueva York, Normandía, II Guerra Mundial, Córdoba, García, Budapest
    Titulada ‘¡Esto es la guerra! Robert Capa trabajando’, la muestra, que se inaugura este viernes en el Barbican Centre y podrá visitarse hasta el 25 de enero, aporta nuevas fotos que prueban la autenticidad de la muerte del soldado, si bien todo apunta a que fue más un accidente que el trágico desenlace de una batalla.

    La impactante fotografía, conocida como ‘El soldado caído’ o ‘Muerte de un miliciano’, se convirtió en un icono de la contienda española y en una obra cumbre del fotoperiodismo de guerra.

    La imagen refleja el momento en que el anarquista Federico Borrell García muere, el 5 de septiembre de 1936, de un balazo en un soleado paraje de Cerro Muriano, cerca de Córdoba, en el sur de España.

    Borrell García, de 24 años y apodado ‘Taino’, aparece cayendo hacia atrás con un brazo estirado de cuya mano se desliza un fusil, una escena dramática que el legendario fotógrafo de origen húngaro consiguió captar desde una trinchera.

    La foto se publicó por primera vez el 23 de septiembre de 1936 en la revista francesa ‘Vu’ -un ejemplar puede verse en la muestra- con un pie que hablaba de soldados “sosteniendo sus rifles, bajando la ladera”, y añadía: “De repente, su avance fue interrumpido, una bala silbó y su sangre fue derramada en su suelo nativo”.

    Sin embargo, la peculiaridad de la instantánea -la ausencia de soldados próximos a Borrell en el campo de batalla, la falta de pruebas visibles de la herida de bala y, por qué no decirlo, el insólito don de la oportunidad de Capa- alentó las sospechas de falsedad.

    El caso es que el día de la muerte del miliciano, confirmada más tarde por su familia, Capa sacó en Cerro Muriano 40 instantáneas. Por cierto, la exposición del Barbican revela por primera vez que Capa tomó esas fotografías junto a su novia, la alemana y también fotógrafa Gerda Taro, quien, de hecho, acabó perdiendo la vida bajo las cadenas de un carro de combate en plena Guerra Civil.

    Setenta y dos años después, las 40 fotos, perdidas hasta hace poco en la caótica herencia del fotógrafo y descubiertas en el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, fundado por el hermano menor de Capa, trazan en Londres la secuencia que aclara qué sucedió antes y después de la singular foto de Borrell García.

    Entre esas imágenes, investigadas a fondo por el biógrafo de Capa, Richard Whelan, fallecido el pasado año mientras organizaba la exhibición londinense, se encuentra una tomada poco antes de que un tiro inesperado fulminara a ‘Taino’.

    En dicha instantánea, Borrell y otros milicianos posan para Capa con aparente actitud festiva y los fusiles en alto. Otra inmortaliza a los militares en maniobras de salto en una trinchera, y una tercera, nunca vista hasta ahora, capta a un segundo miliciano abatido en el mismo páramo en el que Borrell García había perecido minutos antes.

    Según la reconstrucción del suceso que hizo Whelan y que parecen corroborar las fotos expuestas en Londres (que viajarán en junio de 2009 al Museo Nacional de Arte de Catalunya), Capa aprovechó la hora de la siesta, respetada por los bandos republicano y franquista, para fotografiar a los soldados simulando acciones bélicas.

    “Lo que hemos averiguado con estas nuevas fotos de ese día, y que ignorábamos antes, es que no se tomaron en el fragor de una batalla, sino en un momento de poca actividad en el que los milicianos recrean escenas de batalla para los fotógrafos”, explicó la comisaria de la exposición, Cynthia Young, que colaboró con Whelan.

    El ajetreo de la tropa, dejó dicho el biógrafo, debió atraer la atención de las fuerzas franquistas y, “justo cuando Capa iba a presionar el botón, un fusil enemigo oculto abrió fuego”.

    Young no alberga dudas: “Es -subrayó- la foto auténtica de un miliciano en el instante de su muerte, según nuestra investigación”. ‘Muerte de un miliciano’ o ‘El soldado caído’ cimentó la reputación de Capa, cofundador de la agencia Magnum, como genial corresponsal gráfico de guerra.

    El fotógrafo, cuyo verdadero nombre era Andre Friedmann (Budapest, 1913 – Vietnam, 1954), cubrió después numerosos conflictos. Memorables son, por ejemplo, sus fotos del desembarco aliado de Normandía en la II Guerra Mundial (1939-1945), que también pueden contemplarse en el Barbican.

    Pero la suerte le abandonó el 25 de mayo de 1954 en Vietnam durante la Primera Guerra Indochina, cuando pisó una mina y murió -cómo no- con la cámara en la mano

  3. Viktor Von Doom dijo:

    Ah, y dado que le gustan las fábulas ¿Qué le aprece ésta? No me diga que no tiene su qué
    Viktor

    POLÍTICA
    Se rumorea la próxima detención de Dios
    18.10.2008 – El Correo digital
    J. M. RUIZ SOROA

    BOGOTA (AFE).- El doctor Cifuentes, magistrado del Circuito Nacional, se ha declarado competente para investigar y castigar los delitos de genocidio y lesa humanidad cometido con ocasión del llamado ‘descubrimiento de América’, anteriormente ‘conquista de América’. Según relata el doctor Cifuentes en su auto, las estimaciones más someras señalan que unos 150 millones de aborígenes murieron en los años inmediatos siguientes a la conquista, de manera que la población amerindia disminuyó dramáticamente y no recuperó su nivel precolombino hasta el siglo XX, 400 años después del brutal exterminio. El impacto de la desaparición súbita del 90% de la población es un hecho traumático que ha seguido y sigue causando dolor y daños a los americanos actuales. Además, no se conoce con exactitud dónde están los cuerpos de los aborígenes desaparecidos, lo que entraña un delito continuado de detención.
    A la desaparición por exterminio de unos 150 millones de indios hay que sumar, según relata la decisión judicial, la reducción a semiesclavitud de los supervivientes, que fueron distribuidos en encomiendas y sometidos a trabajos forzosos durante siglos, provocando la transferencia de una descomunal plusvalía económica hacia la Península. La cual se incrementó con el saqueo sistemático de la riqueza mineral americana, puesto que el doctor Cifuentes establece cautelarmente que Castilla extrajo a viva fuerza unos dos millones de toneladas de oro y plata del medio ambiente amerindio. Una comisión judicial de expertos determinará número e identidad de los desaparecidos y calculará el montante del saqueo.
    Todo ello constituye un delito de genocidio y crimen de lesa humanidad que nunca puede prescribir, y que debe ser investigado, concluye el magistrado. A tal efecto, ha solicitado se aporte el certificado de defunción de Cristóbal Colón, los hermanos Pinzón, Rodrigo de Triana y la reina Isabel (llamada ‘la católica’), para decidir a su vista lo procedente. Al mismo tiempo, ha declarado la responsabilidad civil solidaria del actual Reino de España por todos los daños causados, anunciando que adoptará medidas de embargo una vez cuantificados. De momento, ha acordado la detención preventiva de todos los ciudadanos españoles que se encuentren en la jurisdicción venezolana mientras no presten fianza suficiente para responder de los daños reclamados.
    Requerido para aportar más detalles sobre el futuro del caso, el doctor Cifuentes ha pedido le dejen trabajar con sosiego, como es su norma. Máxime cuando está preparando la apertura de una nueva causa general por genocidio sistemático y universal contra la divinidad que, por una mezcla de mala intención y desidia continuada durante siglos, ha causado la muerte y sufrimiento de la mayoría de la Humanidad. A tal efecto, está sopesando la posibilidad de imputar a los representantes locales de Dios en las personas del Papa de Roma, el Gran Mufti saudi y el rabino jefe de Jerusalem. Continuará (AFE. Bogotá).

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