A dieta de conocimiento

Se dice en determinados círculos que lo que hace personas a las personas, es decir, lo que hace diferentes a los seres humanos del resto de los animales es (supongo que entre otras muchas cuestiones fisiológicas, neurlógicas et al) la capacidad de crear y gestionar símbolos. Mirando esta foto que muestra el interés de una comunidad de chimpancés por uno de sus miembros, recientemente fallecido, me da por pensar en que tampoco es eso.
Coincide esto con otra mala experiencia académica o, más bien, con algunos académicos que no están o no quieren estar. Nos movemos entre territorialismos, circos mediáticos y excesos de celo. Y entre todo esto ¿qué espacio queda para la investigación científica? Estoy por unirme a las filas ideológicas en las que un temprano Freud militaba (gracias Mr. Chippendale) y mandar todo a tomar por el culo, once again. Pero no. La visión de esta instantánea, que aparece de nuevo como por arte de sincronía, ma lleva a fundir ambos temas, humanidad y academia. Ya no para poner en duda el vínculo entre universidad y realidad sino para desprestigiar, una vez más, un sistema de enseñanza y conocimiento que se ha ido arrinconando y sectarizando él solito, con la única ayuda de los propios académicos. Si buscásemos una imagen similar a esta pero que en lugar de honorables chimpancés dispusiéramos “honorables” académicos, la cosa fijo que cambiaba (echa sea la comparación sin ánimo de desprestigiar a ningún chimpancé que, dicho sea de paso, me merecen mucha más simpatía y confianza que cualquier académico). Como si uno fuese dealer y un colega te pide un favor y le dices que prefieres no meterte en líos con su proveedor habitual, aunque este esté “desaparecido en combate.” Exceso de celo y todo el interés orientado a la propia estabilidad simbólica y económica en detrimento del avance del paradigma científico, sea del tipo o de la rama de conocimiento que sea. Si hasta es más fácil meterse a una secta, que quieren lo mismo (tú dinero y tú docilidad) pero al menos el protocolo está más claro. Por mucho que se ladre la comercialización del conocimiento y la formación responde únicamente a esos intereses: producir dinero y reproducir docilidad. Sinceramente, prefiero las drogas, que es un negocio mucho más transparente.

La foto es de aquí.

Actualización: las urracas también se manifiestan en contra de la academia.

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