La propulsión de Ícaro

Icare-Moebius-Taniguchi copia

 

“Mientras pendulaba flotante sobre el desierto de parqué amilanado previo al laberinto, Ícaro se regodeaba en su corazón negro asemillado. En pelota picada, como gustaba revolcarse en gravedad cero, únicamente acompañado por el Glyph y las perséidas que orbitaban a su alrededor, se preguntaba qué había cambiado para que el día de hoy hubiera sido el opuesto por el vértice al de ayer. Atenazado por las dudas y las inseguridades, muchas propias, demasiadas heredadas, la jornada pasada había sido un verdadero infierno. Su reciente quiebre con la realidad arbústica lo había dejado muy tocado, hasta el punto de desestabilizar su ya de por si precario equilibrio senso-emocional. Sin embargo, la contemplación y reflexión en la que lo habían sumido sus lecturas nocturnas le habían dado una idea que hoy había puesto en práctica. Y, para su sorpresa, habían funcionado. No sólo lo habían hecho sino que tenía la sensación de que aquello era nada más que el principio de una larga amistad consigo mismo y con el mundo. De ahí su cara de paz. De ahí la pigmentación empática del Glyph.

La enredadera acústica había germinado, no sin cierta dificultad, claro, pero lo había conseguido. Su solo había sido aceptado por la congregación, sólo quedaba pulirlo y traducirlo. Había pactado un nuevo viaje interior con la sordina de su lontano frater, el Sordo Rosacruz. Todavía andaban planeándolo, pero la ilusión de un proyecto conjunto lo llenaba de felicidad. Mañana lo esperaba una jornada de reflexión, risión y pasión desenfrenada. En dos días se juntaría con los Ingenios de la Liga para completar el ritual de los cinco números. Todo eran actividades para devolverlo al tan ansiado equilibrio, para renovarlo y devolverlo al mundo, de algún modo, mejorado.

Ícaro observó largo y tendido su corazón negro asemillado. Habló con él interpretando todas y cada una de las posturas y formas que iba asumiendo, dotándolas de sentido y voluntad. Dos anillos aurales se formaron alrededor del corazón mientras Ícaro pensaba en su madre muerta y desconocida. Una interior blanca y una exterior amarilla. El verde empezó a predominar en el Glyph. Su pelo se electrizó y tuvo una brillante erección.”

(La imagen, e inspiración, es de Moebius + Taniguchi)

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