Generalizar es siempre un peligro

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“Los carnívoros (omnívoros en realidad) dicen que muchos otros animales lo son, por lo que podemos sentirnos justificados al comernos a otros animales. Por el otro lado los vegetarianos (lo digo así en general pq son argumentos que me llegan de uno y otro lado) dicen que lo que nos diferencia del resto de animales es, entre otras cosas, que poseemos capacidad de abstracción. Esto, como todo “gran poder”, implica una cierta responsabilidad. Si somos capaces de ser conscientes de una situación necesariamente tendremos que posicionarnos con respecto a ésta, y la opción que les parece más ética es dejar de comerse a otros animales (lo cual tiene mucho sentido porque si uno no sabe el alcance de una acción lo mejor es dejar de hacerla aunque sólo sea para ver qué cambia en su entorno). Sin embargo, a veces me parece un poco prepotente esta argumentación. Y digo prepotente porque sitúa a los humanos con respecto a los animales en una relación muy similar a la que las religiones sitúan a los humanos con respecto a sus dioses: cuidadores del rebaño.

Yo coincido con Manuel en la práctica carnívora pero también me parece muy demencial los sistemas de explotación de los animales, pero ojo, tanto los que los transforman en alimento como los que explotan sus potencialidades afectivas y emocionales, es decir, tanto la industria cárnica como la de animales de compañía, que me tiene muchas correlaciones con los sistemas esclavistas de los que antes se hablaba (y si no queda claro este punto sírvanse en ver “El planeta salvaje” de Roland Topor). Esa misma reflexión la haría extensible a las formas en que tratamos y extraemos recursos de nuestros ambientes y contextos socio-ecológicos. Desde la cuestión cárnica a la presunta amabilidad con la que nos trata un cajero automático. Desde las condiciones que nos impone un contrato de trabajo hasta dónde tiramos las colillas una vez agotadas. Y así me parece pertinente porque desconozco el alcance ético de gran parte de los procesos que tienen relación con la producción de bienes consumibles de mi entorno. Lo propio sería dejar de consumir de todo, sopesar en qué medida lo necesito, su impacto en mi entorno-contexto y empezar a valorar desde ese punto. Claro, pero ¿alguien se atreve? o ¿alguien más aparte de Chuck Norris se atreve?

Como Manuel creo que es posible y necesario otro sistema en donde, bien a través de la ingeniería genética para producir “carne artificial”, como por la “ganadería ecológica” (nótese el entrecomillado para expresar mis dudas acerca de ambos binomios, que rozan el oxímoron). Pero es tremendamente complicado por la cantidad de intereses, dineros, puestos de trabajo y demás motivos que entraña la industria cárnica. Entonces siempre sale alguien que dice que primero los de casa y luego los de fuera. Y llega el momento de echar mano de la metáfora aquella del tren que Enszerberger utilizaba para abrir “La gran migración”. ¿Tienen cabida los animales en los compartimentos del tren? ¿No estaban allí antes de que nuestros yoes contemporáneos llegasen? ¿Qué arrastramos (que “pervivencias” hay, que diría un evolucionista social clásico) de las épocas en las que también eramos animales? ¿Qué nos hace pensar que ya no lo somos?”

Foto: “Ecosistema 7”

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