Los errores no correspondidos son como esos espacios después de punto y aparte que descubre uno cuando corrige un texto. Parecía que la frase iba a continuar pero un despiste deja entrever que el final del argumento está mucho más cerca de lo que uno había pensado. Es, de hecho, inminente. Y cuando uno está todavía enfrascado en pensamientos acerca de qué narices se le pasaría al autor por las pituitarias en el momento de presionar la barra espaciadora, el texto ya ha avanzado dos o tres líneas, cuando no párrafos o páginas enteras. Aunque los poetas no escriben canciones, ésta, la canción más triste del mundo, la escribió uno. Y habla, precisamente, de parar el tiempo en ese momento antes del punto y aparte, de pararse a escuchar y dejarse flotar en la práctica desapegada de la observación. Contra la tiranía de la ortografía: borrón y cuenta nueva (not).

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