La Sra. Soilence y el mundo

click3

“Tuvo la Señora Soilence una amiga muy mona a la que quería mucho. Con ella redescubró el te y el placer de compartir cosas con la gente, que lo tenía de aquella muy perdido y abandonado. Se reencontró con la alegría de despertarse por las mañanas con ganas de hacer y agradar, de hacerle la vida más sencilla a la gente. Era su creencia que a través de esa amistad redescubrió el mundo y se congratuló con la ciudad en la que vivía. Era ella, su monamistad, sin embargo, un poco opaca. El tiempo y la vida la habían maltratado mucho y ella seguía haciéndoselo a sí misma constantemente, recordando en qué había fallado y cómo la habían puteado. Se torturaba mucho por cuestiones similares y se olvidaba del mundo de posibilidades y experiencias que tenía frente a ella. No es que fuese muda, pero no sabía hablar demasiado bien. Escribía, eso si, como dios. De hecho era eso lo que más le gustaba de ella a la Señora Soilence: su valiente verdad poética. Pasaron muy buenos momentos pero, con el tiempo, esa falta de lengua pudo con ellas. A ella le dolía algo y la Señora Soilence no sabía el qué. Intentó por todos sus medios darle a aquello una solución pero ni siquiera escribiendo fue capaz de entender o solucionar algo. Un buen día, después de la segunda visita al dentista, decidieron poner fin a su amista por escrito y a distancia. Fue muy triste, la verdad, y muy cobarde por parte de las dos. La Señora Soilence nunca había puesto fin a nada de esa manera, sin catarsis compartida. Tuvo que montársela por su cuenta de modo que el proceso fue diluyéndose hasta que reapareció de golpe y se dio un susto del copón. Tardó un tiempo en recomponerse, y vaya si le costó. Hasta escribió cosas en su piel para no olvidarse de hacer las cosas bien. De la monamistad nunca más se supo. Dicen que se marchó en busca de luz, como las aves migratorias, saltando de un lugar a otro, pero no hay evidencias que indiquen eso o lo contrario. La Señora Soilence se recompuso como pudo de aquel bache y retomó con fuerza aquello que la hacía sentirse viva. Nunca más volvieron a verse.”

El dibujo es de Coco.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: