La inevitable gentrificación del self después del trauma

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“Ayer nevó en la alta montaña. Y justo cuando pasó por San Antonio sonaba el pequeño pájaro de Mateo casi el escocés. Y todo el rato se acordaba de él. No un él dinámico y fluido, como son la personas que ves a diario, sino un él sólido, gélido y cristalizado en diferentes momentos de su existencia experimentada. Como si las personas nos solidificásemos y enfriásemos en el recuerdo de los demás cuando nos alejamos de ellos y nos volviésemos líquidos y calentitos al estar cerca. El recuerdo, aunque frágil, es sólido y representa un fragmento de la persona seleccionado por la emoción del momento de sí mismo. La convivencia, por el contrario, es más escurridiza. Siempre puede una pronosticar con mayor certeza lo que va a hacer u ocurrir en un recuerdo que en la realidad más inmediata. Los que tenemos cerca están sujetos a la improvisación, mientras que el cambio de lo que recordamos es más lento y sujeto a otro tipo de emociones.

Y ahora que escribo estas líneas puedo escuchar el final, también cantado por Mateo el escocés, que es un poco más larga que la pieza anterior. Y profetiza al tiempo que invoca un dulce acabose del adolecer invernal. La nieve era artificial. Pequeños copos de nieve de plástico caían de la ventana abierta. La casa en reconstrucción. La inevitable gentrificación del self que llega siempre después del desamor. La ineludible bipolaridad previa a los nuevos encuentros y experimentos . Un viento ligero los apartaba de su caída natural.

De los viejos cadáveres brotan flores blancas y verdes que buscan desesperadamente el Sol. Sol. Con mayúsculas. Sol de abril, que quema pero que no calienta. Con una cierta dosis de magnetización por lo que están en proceso de descomposición. Con un cierto regusto al regodeo decadente, a apostar a no acertar, que dijo el poeta. Conocedoras del destino impepinable y perezosas, perezosas en extremo, nos deslizamos por entre las costuras de tus sistemas para observarte en tu proceso, procesando y procesado. Sin miramientos recogemos y sintetizamos. Siempre en beneficio mutuo.

Estamos hechos de estrellas. Todo lloramos en las cumbres. Hay un camino, empedrado de cáscaras de huevo, que conduce a un lugar maravilloso. Su visión es suficiente para satisfacer a 10.739.524 palomas mensajeras, lo cual es inconvertible a términos humanos.”

BSO aquí.

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