Pedraplén

“Tras poco más de dos ciclos deambulando y dando palos de sordo, dos rocas metamórficas que una vez pertenecieran a la misma montaña se reencontraron. Su forma había cambiado. Ya no tenían estrías ni filos angulosos que mereciesen cuidado extremo en su tratamiento. La erosión y el trajín las había redondeado hasta el punto de parecer cantos rodados que ruedan por un río abajo. Chocaron contra algo, ninguna supo muy bien el qué hasta que levantaron la vista y se sorprendieron. Se reconocieron a sí mismos y en sus errores. Se disculparon. Reconstruyeron el relato de su vivencia. Se prometieron que de ahí en adelante harían lo posible por no propagar la erosión que tanto les había afectado, a pesar de ser un fenómeno connatural a su existencia. Se exploraron sin llegar a excitar del todo o excitando muy suavemente los límites de la imaginaperversión propia y ajena (es difícil no hacerlo y acercarse al mismo tiempo). Acto seguido se pusieron en marcha de nuevo. Un instante que duró una eternidad y cuyo amable recuerdo pacificador todavía perdura en sus metamórficos y rocosos corazones.”

Extraído de “Historias pedregosas”, por Peter Lo.

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