El retorno del misterioso hombrecito de la pared


“Así como apareció se fue. Un buen día se dieron cuenta de que estaba allí. En realidad ya estaba allí, como colgado en la pared, desde antes de que la colonia fuese siquiera el germen de un pensamiento en ninguno de sus habitantes, pero hasta aquel momento nadie se había percatado de su presencia. No hacía nada, sólo permanecía allí, impávido y silente, como quien observa estoicamente el transcurso del tiempo y las personas. Desde allí vio mil y una puestas de sol, entre pantalones, camisetas y albornoces. Evocadoras formas con aspecto de felino, de mentones prognatos, de barbas pobladas o de peces con rabos de cerdo en la frente que lo transportaban más allá de los límites de su propia imaginación. Vio vidas enteras que se repetían como fotocopias del mismo cliché. Asistió a conversaciones estúpidas, risas a altas horas de la madrugada, a invasiones socioacústicas y a facciones sin y con pungidas de quien oye llover. Y allí siguió hasta que una mano temerosa de su propio temor la arrancó de su pegajoso e histórico domicilio hasta precipitarse por el barranco de la desmemoria. Pero, en un giro de misterio, hermenéutica personal y simbolismo encapsulado, volvió a manifestarse en el suelo de parqué de la tienda de ultramarinos del señor Arturo Vorlopido, en otro tiempo y en otro espacio, así como estampado y sin más ángulo de visión que un farragoso nadir de suelas de zapatos y caras minúsculas.”

Por Fa, 7563829:364.

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