Meigas i/o

“- Sol! Sol! Sol! Ven a verme. Cada vez que abro los ojos y te noto en mi piel las penas se desvanecen y me entran unas ganas locas de seguir combatiendo.
– Luna! Luna! Luna! No te escondas. Tu tersa mirada es oro en paño para mis caricias y no puedo ser ni sentir sin saberte en el cielo.

Cuando Juan descubrió la raiz decidió tomárselo con calma. Tres intentos de encendido y la hoguera empezó a arder desconsoladamente. Sus ojos la acompañaron en sentido contrario, purificando cualquier clase de mal en cien leguas a la redonda. Tres vueltas al retablo, tres monedas, una para cada ojo, y las facciones simiescas se evaporaron en su tránsito reptiliano. El ansiado descanso no se vio perturbado por mucho más tiempo. Algún bache sin importancia connatural al tránsito, la pérdida definitiva de los pares para la que se había preparado a conciencia y la recesiva conclusión previa al salto final. Nada importaba ya allende sus deseos. Aquella vilipendiada realidad se volvió maleable y por fin pudo volar sin más lastres que los propios de su variedad y de su gente.

– Ahí os quedáis, hijas de las pasiones mal conducidas y de la empatía mal encarada.
– Los augurios no son favorables para aquellos que desatienden y se desentienden de sus semejantes. No permitiré que nada ni nadie decida el destino de mis amores y de mis humores.”

Extracto de “Las memorias de Nuja el esclerótico neurótico”.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: