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frikadas

“- Sol! Sol! Sol! Ven a verme. Cada vez que abro los ojos y te noto en mi piel las penas se desvanecen y me entran unas ganas locas de seguir combatiendo.
– Luna! Luna! Luna! No te escondas. Tu tersa mirada es oro en paño para mis caricias y no puedo ser ni sentir sin saberte en el cielo.

Cuando Juan descubrió la raiz decidió tomárselo con calma. Tres intentos de encendido y la hoguera empezó a arder desconsoladamente. Sus ojos la acompañaron en sentido contrario, purificando cualquier clase de mal en cien leguas a la redonda. Tres vueltas al retablo, tres monedas, una para cada ojo, y las facciones simiescas se evaporaron en su tránsito reptiliano. El ansiado descanso no se vio perturbado por mucho más tiempo. Algún bache sin importancia connatural al tránsito, la pérdida definitiva de los pares para la que se había preparado a conciencia y la recesiva conclusión previa al salto final. Nada importaba ya allende sus deseos. Aquella vilipendiada realidad se volvió maleable y por fin pudo volar sin más lastres que los propios de su variedad y de su gente.

– Ahí os quedáis, hijas de las pasiones mal conducidas y de la empatía mal encarada.
– Los augurios no son favorables para aquellos que desatienden y se desentienden de sus semejantes. No permitiré que nada ni nadie decida el destino de mis amores y de mis humores.”

Extracto de “Las memorias de Nuja el esclerótico neurótico”.

atuin_tatoo

“La vieja y grande está en el taller, a punto de salir. Con un mes debería bastar. Dale dos para estar seguros. Un par de carreras de prueba y lista de nuevo para pasar a la acción. Ha habido que reajustarle un par o tres de mods y quizá haya que esperar un tiempo hasta que esté totalmente operativa de nuevo, ya se irá viendo, pero creo que merece la pena el esfuerzo que estamos haciendo. Incluso hemos podido instalarle unos cuantos plug-ins de última generación, pero en principio sólo software. Si resiste los testeos podemos pensar en probar con el hardware. El necesario update en protocolos de detección de toxicidad, fundamental, sobre todo tras la última. Los dispositivos de tolerancia y los abstrusores de preponderancia inquina, que ya no daban más de si, han sido sustituidos y se ha reforzado su contrachapado de estabilidad. El resto de sistemas parece estar a plenas capacidades. En cuanto sea posible probaremos el global en el nuevo entorno. Mejor que vayamos avisando ya en la V3DR4, que de tanta combinatoria endomorfa se nos va a viciar la bicha.”

(Fornitz, 2017:4)

roque_fire

“Noticias y observaciones sobre la práctica del fuego verde entre los Taucor de la Casiopea Septentrional.

Fidias Fornitz, pHn y Aurora Ballesta

Instituto de Infantería Etnográfica de Toledo

Los Taucor son una sociedad poco numerosa que se encuentra con facilidad al oeste de Casiopea. Su sistema político ha sido clasificado como “sociedad del ejemplo”, de manera que no es ni una tribu ni una jefatura. Quizá podría incluirse dentro de ésta última, pero las variaciones respecto al patrón original son tantas que los técnicos han optado por crear una categoría nueva. Los Taucor carecen de instituciones. Cuando un Taucorita tiene necesidad de algo, quiere hacer algo, sencillamente lo hace, sin consultar a ningún consejo de sabios, sin ritualística explícita o protocolo evidente alguno. Una vez sentado el ejemplo, sus congéneres lo siguen como si de un estándar actitudinal se tratase sin prejuicio de mejorarlo como creen conveniente. Tan dinámicas son las formas de hacer y construir la realidad de los Taucor que no necesitan protocolos explícitos: saben que lo que saben y hacen también lo saben y lo saben hacer los demás. Todavía se desconocen sus formas de enculturación y se especula con que éstas funcionen por vías sensoriales que se nos escapan.

Existe, sin embargo, una peculiaridad entre esta sociedad del ejemplo que es completamente inaudita en cualquier otra especie del universo conocido. Toda casa Taucorita posee un habitáculo especial en donde se realizan actividades y donde se dan situaciones que, bajo nuestro punto de vista, sólo pueden ser calificadas de mágicas o místicas ya que su conocimiento se aleja de los parámetros basados en la experiencia directa y se acercan a un conocimiento y práctica simbólica bajo hermenéuticas que permanecen veladas. No es así para las sociedades que componen la cultura Taucor, que contempla estas situaciones y actividades desde una óptica completamente insertada en su habitus doméstico y social. Dichas actividades tienen que ver con la gestión del fuego (elemento fundacional y de importancia central), pues la relación de los Taucor con el fuego es muy íntima, llegando incluso a permanecer despiertos semanas sólo cabeceando brevemente con tal de estar al tanto de la evolución de uno de estos. Cada vez que un Taucorita conoce a otro, un fuego se enciende en su feuergarten (1).La fuerza o energía que enciende cada uno de ellos sigue siendo un misterio, pues se ha comprobado que surgen espontáneamente sin mediar la acción de vida basada en el silicio o en el carbono.

Generalmente, y salvo casos particulares, empieza siendo un fuego pequeño, una chispa que evoluciona acorde a la relación entre ambos sujetos. Se trata de un proceso simétrico e idéntico, es decir, que en el feuergarten de cada sujeto parte de la relación/sociedad nace y evoluciona de forma idéntica. Alguna hipótesis apuntan que en realidad se trata de dos manifestaciones físicas idénticas del mismo proceso, aunque nadie ha aventurado todavía una explicación que satisfaga la lógica racional. (2)

Asimismo, de entre todas las tipologías de fuego merece especial mención el nacimiento de un tipo muy especial que posee relación con las estrategias reproductivas de la especie. El fuego reproductivo de los Taucor es verde y bastante escaso en términos cuantitativos. De la misma forma que en la especie humana, esta estrategia reproductiva tiene relación con procesos erótico-emocionales. Su proceso es similar al de cualquier otro tipo, salvo por el color. En general los fuegos tienen la misma vida que los sujetos. Cuando la vida de algún sujeto se apaga, los fuegos que ha generado crecen espectralmente como si de una estrella moribunda se tratase, para acabar convirtiéndose en algo de un tamaño no superior al de una luciérnaga terrestre. En ocasiones los Taucor unen estos restos con otros fuegos con los que poseen alguna clase de relación, sea esta de parentesco o de proximidad emocional en un gesto simbólico mediante el cual vinculan el recuerdo del sujeto al contexto al que perteneció. Sin embargo, la práctica más habitual en los últimos tiempos es la de disponer la última chispa en compartimentos estancos y transparentes, convenientemente etiquetados, de forma que todo feuergarten acaba pareciendo un museo de recuerdos.

Como decimos, el comportamiento de los fuegos verdes posee dinámicas particulares que las diferencian del resto de fuegos. Como si se tratase de un vínculo especial, un vínculo entre vínculos, los Taucor cuidan y vigilan con celo la evolución de los mismos. Los alimentan con materiales específicos, generalmente materiales combustibles procedentes de zonas remotas con alta actividad sísmica. (3)

Cuando un fuego verde se extingue ambos sujetos entran en una especie de estado larvario en el que sus pieles se solidifican. Pasado un tiempo (entre una semana y un mes terrestre) la costra se resquebraja y surgen dos sujetos de cada larva. El primero que surge tiene forma de burbuja y nada más nacer flota por el aire hasta encontrarse con su homólogo relacional circunstancial, con el que se funde en una explosión que genera algo similar a los fuegos artificiales en nuestro planeta. El otro es un sujeto externamente muy semejante al previo al estado de larva pero de menor tamaño y color variable, supuestamente, en función de la duración del proceso, aunque esto es puramente hipotético. La gama de colores de estos sujetos orbita en torno a diferentes matices de azul, como si la ausencia de ese fuego verde los hubiese dejado fríos, aunque, claro, esta asociación procede de la epistemología antropomórfica pues todavía se conoce poco de la propia de los Taucor. Dichos sujetos practican relaciones de evitación durante un tiempo similar al de la larva, para luego interactuar con normalidad. Se han llegado a ver casos excepcionales en donde los sujetos resultantes han vuelto a intimar y relacionarse, incluso llegando a establecerse socialmente en un mismo asentamiento y en una sola vivienda. En cualquier caso, lo más habitual es una desatención cortés entre los sujetos que han pasado por un proceso semejante.

Los restos de los fuegos verdes son guardados con un celo particular, siempre aparte del resto de fuegos extintos o restos de otros fuegos. Cada feuergarten posee un espacio para el almacenamiento de los mismos, si bien los fuegos verdes no son habitualmente expuestos de la misma forma que el resto de fuegos. Para esto se utilizan también compartimentos estancos pero no transparentes sino opacos.

Muchos son los misterios que rodean a los Taucor que nos quedan por desvelar. Estas líneas no son sino el primer escrito que documenta su existencia y que, en función de la dotación presupuestaria, tendrán o no continuidad. Hemos seleccionado el episodio de los fuegos verdes por que nos ha parecido evocativo y representativo de las formas de ser y hacer de esta cultura que tan diferente es y tanto se parece a la nuestra. En nuestra opinión la práctica y hermenéutica de los Taucor puede arrojar luz sobre muchos temas inconclusos respecto a la búsqueda de protocolos para los contactos interculturales fuera de nuestros espacios de acción. Conviene no olvidar asimismo, que los recursos de los planetas en donde los Taucor son hegemónicos son ingentes y la observación de su comportamiento puede ofrecernos la clave de una explotación responsable y consciente de acuerdo con sus patrones de consumo.”

—Notas—

(1) Término sugerido por el especialista en Exosociolingüista Dr. Ohn Fidool tras el primer contacto con esta tipología espacial.

(2) La profesora Aurora Ballesta realizó un experimento audiovisual en el cual se monitorizó el inicio de uno de estos fenómenos. Con el consecuente consentimiento se dispusieron micro-cámaras en todas las feuergarten de dos asentamientos vecinos y se observó un comportamiento idéntico en los fuegos de todas y cada una de las relaciones establecidas y que se establecieron durante el proceso. La similitud es tal, que hasta a nivel molecular los comportamientos son completamente idénticos como si se tratase de un fenómeno polisituado. Conviene recordar que el ejemplo al que se alude es el de una relación a dos bandas, pero el rango de posibilidades puede alcanzar hasta superar la cincuentena de sujetos incluidos en un sólo fenómeno.

(3) Zonas a las que nuestros escáneres no han podido acceder al encontrarse con la oposición no sólo de la especie en cuestión sino también de otras del mismo entorno.

(Ilustración “RELIEF 778” de Roque Romero)

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La reflexión de Josep Maria Yago sobre la prohibición de los toros en Catalunya y la actitud del PP respecto a esta y otras decisiones del aparato de gobierno catalán, me han llevado a escribir un pelín sobre el tema, aclarando así los muchos eslóganes y opiniones que se cruzan en mi cabeza estos días. Así que allá van. No esperen claridad ni coherencia 🙂

Lo que primero tengo que decir es que me parece bien que se prohíban actividades comerciales que se lucren con el sufrimiento ajeno. Es más, lo de los toros me parece un gesto de lo más escueto e hipócrita. No citaré aquí cuántos animales mueren al día para alimentarnos, ni las circunstancias emocionales a los que se los somete, ni otros problemas relacionados ya no sólo con el sufrimiento animal sino con el humano porque la lista sería kilométrica.

Hace bien poco intentaba entender lo que es el dolor y lo que representa socialmente. El dolor en cuanto a qué respuestas construyen la cultura y la sociedad en base a un hecho biológico que es, a su vez, la expresión de una agresión al organismo. Me preguntaba si las formas mediante las que las culturas humanas construyen la sensación de dolor (tanto en sus vertientes emocionales como psico-sociales o biomédicas) serían o no aplicables más allá de la frontera de las propias culturas humanas, es decir, si los animales sienten dolor, sufren, padecen de la misma forma que los seres humanos. La respuesta más evidente que se me ocurrió es que no tengo ni flowers, es decir, que no existe una certeza absoluta de que un conocimiento surgido en el seno de la especie humana (ergo antropocéntrico y etnocéntrico) sea proyectable a otras especies animales. Disney ha hecho mucho daño (todavía no me he recompuesto de la muerte del papá de Simba) y la antropomorfización social del reino animal es algo que viene de muy antiguo y que, por tanto, debe estar muy arraigado en el aparato simbólico de culturas y sociedades. Pero esta vía es un callejón sin salida ya que no sólo resulta impensable que ningún mamífero disfrute vomitando sangre y muriendo poco a poco, sino que cualquier profesional de la tauromaquia puede interpretar qué le pasa por la cabeza a un toro de lidia, qué siente, si una estocada le duele más o menos. En fin, que no, que los animales de una manera sufren y no les mola nada, a pesar de esta sospechosa coincidencia. Punto muerto.

Después de darme cuenta de que no estaba en el servicio de señoras y que el servicio sigue estando mu malamente (un tiempo después) leí el artículo que motiva esta reflexión. Y me puse a pensar, bueno, más bien el pensamiento salió como una erupción de acné de hormona juvenil. Al hilo de seguir más o menos todo el proceso que llevó a la aprobación de la prohibición de las corridas de toros en Catalunya (parece que se dice así, curioso, aprobar una prohibición), contrastándolo con el encendido ánimo político en la “nación catalana,” he acabado por pensar que este proceso prohibicionista no es otra cosa que una pantomima, una impostura de la clase política para apuntarse un tanto con la plebe ¿Qué son unos dinerillos menos en subvenciones, entradas y otros huntos de muchos colores en comparación con ganarse al populacho, tomar partido en bloque y sin fisuras en la batalla por la defensa de la identidad nacional catalana? Menudencias. Si existiese una voluntad certera de minimizar el sufrimiento animal, un compromiso con el estatus moral del resto de especies animales y, por qué no, vegetales y minerales también, se haría una regulación más amplia y sólida. Una que realmente pensase en los animales (vegetales, minerales…) y protegiese sus derechos. Pero ¿qué derechos serían esos? ¿No estaríamos entonces dotando a los animales (etc.) de unos derechos que nosotros nos hemos imaginado que quieren o que les van bien pero que les son ajenos, que les vienen impuestos? Podemos creer saber qué es lo mejor para un animal o una persona y creerlo ciegamente a partir de sesudos estudios etológicos y reflexiones estratosféricas (como esta, hehe) sobre qué significa “ser animal salvaje,” “ser animal doméstico” o “libertad animal,” pero ¿qué sentido tiene imponerle a otras especies lo que nosotros creemos que es lo mejor? ¿No es lo que hacen los estados o lo que las religiones llevan eones haciendo? ¿No es un poco peligroso dejar en manos humanas (ergo, codiciosas) la decisión de qué es lo que mola y qué no mola un can? Yo aun diría más ¿por qué si la libertad es un concepto tan humano, la proyectamos constantemente sobre nuestro entorno? ¿estamos taaan incómodos como para tener la necesidad de humanizar lo que nos rodea? Eso parece. A veces decir libertad es decir “compóntelas como puedas, a mi me la sopla.” Por el contrario, cuando dejamos que una planta (por poner un ejemplo más tranquilo) crezca “en libertad” ¿no la estamos privando del conocimiento que generación tras generación de familias jardineras nos han legado? ¿No estaremos siendo maaaalos? En fin, otro camino sin salida.

Siguiente aspecto: especulaciones sobre el componente simbólico. Por lo que tengo entendido y he podido leer, la tauromaquia o, mejor, las tauromaquias, son fenómenos culturales surgidos de otros de carácter ritual, es decir, que primero fueron celebraciones explícitamente simbólicas (cuando eso se llevaba), posiblemente restringidas a determinados sectores de la población, que progresivamente fueron ganando adeptos y relajando o cambiando sus protocolos hasta llegar a lo que conocemos hoy día. Un evolucionista sacaría de aquí una graaan teoría sobre como la tauromaquia es una adaptación cultural del ritual primigenio en donde se devoraban las entrañas de viejos uros mientras se copulaba compulsivamente. Pero no es ese el caso o, al menos, todavía no. El caso es que hay muchas y muy diversas formas de practicar la tauromaquia, pero todas se basan en lo mismo: cabrear a un bicho hasta que tenga unas ganas de matarte que te cagas, putearlo un buen rato para el deleite de un mogollón de frikis ávidos de cachondeo y arte y, en el peor de los casos (el “nuestro”), matarlo con un sólo gesto. Muerte para demostrar el poder del hombre sobre la bestia y (de paso) cobrar un pastón y ganar mazo renombre; lo que lleva a follar más, que te inviten a copas en los garitos más molones, moverse en un carro que lo flipas, tener una casa de putifa y un largo etcétera de milongas terrenales que facilitan enormemente la existencia. Lo que se ha prohibido en Catalunya no son las formas de tauromaquia en general, sino unas formas muy concretas y particulares. Unas formas que vienen históricamente asociadas al adocenamiento del populus tras la Guerra Civil y que toman forma en la manipulación de la figura de Manolete. Un golpe a la virilidad postprofranquista, un paso adelante en la (re)vindicación de una identidad nacional catalana.

Pero en Catalunya también hay formas de tauromaquia. Es curioso que se haya pasado de puntillas sobre la violencia de los “correbraus” de, por ejemplo, las Terres de l’Ebre. Sin embargo, no creo que esa haya sido la lógica que ha regido el proceso, la reivindicación de las formas propias ante el histórico asedio colonial español, sino, más bien lo que decía a mitad del párrafo: ganarse a la plebe. En el fondo la clase política (salvo grandes excepciones) lo que quiere es perpetuarse, esa vieja aspiración vampírica de la aristocrática de ganarse la vida eterna. Hasta podría parecer que se la sude por completo la deriva del paradigma nacional catalán, al contrario que a la derecha española, que ha heredado un amplio conocimiento práctico sobre las veleidades de la ingeniería identitaria. Catalunya lleva unos cuantos años de desfase respecto a la gestión de la industria identitaria española, pero está haciendo muy bien los deberes, y con un refinamiento fuera de serie. Nunca he visto peña más violentamente idenpendentista que los hijos de los emigrantes del resto del estado. Y sin problemas ni demasiada reflexión, “ezo é azín.”

Pero, en fin, que ya me pierdo en el mar de las digresiones. El caso es que se prohíben las formas de tauromaquia simbólicamente entendidas como ajenas, a las que se quiere enajenar de la realidad catalana, sentidas como impuestas desde la España franquista y construidas como crueles y anti-ecológicas, pasando de puntillas, sin embargo, por los “correbous,” a mi juicio, tan crueles como sus homólogos españoles. Pero, misteriosamente, se respira tranquilidad y satisfacción (a diferencia de Canarias, donde poca gente recuerda que también allí se prohibieron). Por fin. Se ha empezado a expulsar el virus infeccioso de la españolidad. Es un gesto de desafío revestido de acción defensiva, en una dialéctica muy orwelliana, algo que, desgraciadamente, se está volviendo demasiado cotidiano.

La cuestión del proteccionismo, de decir “prohibir los toros es defender al animal” me trae a la memoria, salvando las distancias, eso si, los comienzos de los movimientos de defensa de los derechos civiles de los sectores afro-americanos en los Estados Unidos. Siempre hay cierta dosis de paternalismo en el deseo de que alguien que consideramos oprimido se libere de sus cadenas. Y quizá este hecho, que pidamos ahora una clase de protección para un tipo de seres vivos, podría llevar a la sociedad civil a replantearse su relación con el resto de animales y, por tanto, con los ecosistemas que componen el planeta. Es el cuento del calentamiento global: Al Gore y Lisa Simpson subidos en una extraña máquina elevadora señalando los hechos con una fe que mueve montañas. Yo aun diría más: ¿por qué un ser vivo ha de merecer más respeto que un mineral? ¿qué teoría y qué disciplinas han determinado esto? La vida basada en el carbono puede que sea tecno-ecológicamente más refinada, pero ¿la hace eso más importante? ¿Importante para qué? La codicia es consecuencia de la supervivencia, del “sttrugle for life.” ¿A quién hay que estrangular?

Si lo que realmente deseásemos fuese la entelequia del equilibrio ¿no serían igualmente importante todos y cada uno de los elementos de un ecosistema? ¿Por qué gradar la importancia? ¿Para situarnos en el pico de la pirámide alimenticia en un mantel de McMingas? Pero lo que deseamos no debe ser el equilibrio (sea o no una entelequia) sino, más bien, la intensidad fenomenológica, el disfrute, desde la fiesta farlopiana hasta la lágrima con Tolstoi, tanto el currante como el burgués o el aristócrata. Sólo nos importamos a nosotros mismos. Hasta la lágrima más pura y virgen tiene por objeto la autosatisfacción. ¡Onan! ¡Vuelve y llévatelos!

El problema de los toros es que es un enfrentamiento preparado, una especie de emboscada cabrona revestida con luces de neon. Y en eso no queda ya nada de honorable, los valores que dice representar son papel mojado, por mucho sentimiento e intensidad que haya detrás. Es como la mítica imagen del niño quemando las hormigas de su hormiguero de juguete con una lupa. No mola naaada. Se le pilla y se le explica qué es un ser vivo y por qué habría que tratar a todos los seres vivos (aceptamos pulpo como animal de compañía) como iguales, poniéndose en la piel ajena para entender las cosas desde otras latitudes. Lo otro es provocar violencia y hacer daño para ganar dinero, como en la guerra, bajo un trasfondo de reafirmación, celebración y ostentación de un orden social que aunque creamos obsoleto sigue ahí, bajo las piedras, esperando que nos descuidemos para volver a imponerse. Triste es que haya gente que para sentirse satisfecha y reafirmar su “virilidad” tenga que atentar y provocar violencia física contra seres vivos.

Como siempre, la verdad no es una, ni grande, ni libre. La foto es de aquí.

Simpático anuncio sobre uso de preservativos. Encontrado en MZA Blog vía Menéame. Al mismo tiempo que se me cruzan las cenizas del extinto Colectivo Nortec, mutado en Nortec Panoptica Orchestra.No es que quiera establecer un paralelismo entre sexualidad y texturas fronterizas, sino, más bien, que la sincronía se ha dado así. Da para pensar, de todos modos, en las relaciones entre género, prácticas sexuales y dinámicas del “border” como lugar de paso. Ahí queda. Disfruten tanto del sexo como de la frontera.