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filosofía barata

“- Sol! Sol! Sol! Ven a verme. Cada vez que abro los ojos y te noto en mi piel las penas se desvanecen y me entran unas ganas locas de seguir combatiendo.
– Luna! Luna! Luna! No te escondas. Tu tersa mirada es oro en paño para mis caricias y no puedo ser ni sentir sin saberte en el cielo.

Cuando Juan descubrió la raiz decidió tomárselo con calma. Tres intentos de encendido y la hoguera empezó a arder desconsoladamente. Sus ojos la acompañaron en sentido contrario, purificando cualquier clase de mal en cien leguas a la redonda. Tres vueltas al retablo, tres monedas, una para cada ojo, y las facciones simiescas se evaporaron en su tránsito reptiliano. El ansiado descanso no se vio perturbado por mucho más tiempo. Algún bache sin importancia connatural al tránsito, la pérdida definitiva de los pares para la que se había preparado a conciencia y la recesiva conclusión previa al salto final. Nada importaba ya allende sus deseos. Aquella vilipendiada realidad se volvió maleable y por fin pudo volar sin más lastres que los propios de su variedad y de su gente.

– Ahí os quedáis, hijas de las pasiones mal conducidas y de la empatía mal encarada.
– Los augurios no son favorables para aquellos que desatienden y se desentienden de sus semejantes. No permitiré que nada ni nadie decida el destino de mis amores y de mis humores.”

Extracto de “Las memorias de Nuja el esclerótico neurótico”.

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“Querida Ambar. Si estás leyendo esto es que ya no hay solución. Me he ido para siempre y nunca volveré. Te pido por favor que no te pongas triste ni melancólica, pues mi marcha era algo que se veía venir. La ley del más fuerte se llama. Una selección natural por la que aquellos que no damos la talla, los que no hemos sido capaces de desentrañar los misterios de la supervivencia hemos de quedarnos atrás y tomar la forma de recuerdos, acaso piedras en el camino o quizá oasis en los que refrescarse y salir reforzados. No se qué forma tomaré en la experiencia de los que se han cruzado en mi vida. Lo que si se es que, aunque ya no esté, no quisiera que se me rindieran homenajes ni que la gente llorase mi ausencia definitiva, pues estuve entre todos ellos tiempo suficiente como para que disfrutasen de mi y si no lo hicieron en su momento de nada vale lamentarse ahora que ya no estoy. Espero que aprendan la lección y traten mejor a sus semejantes. Me voy con la cabeza bien alta, orgulloso de haberme mantenido firme en mi lucha, aunque el mensaje haya pasado desapercibido. No se si llegará un tiempo en que la gente entenderá lo que quise. La gente es gente, y todos estamos sujetos a pasiones, vicios y hábitos mejores o peores. Tampoco espero más que un dulce olvido, que la Historia no me otorgue ni un pie de página siquiera. No quiero figurar en las crónicas de esta especie que tanto maltrata a sus semejantes y a sus entornos sin darse cuenta. No volveré en caso de que esto ocurra de esta manera. Y esa es precisamente la razón de mi marcha. Ya no tengo donde ir, donde esconderme de mi mismo ni de mis demonios, que son los mismos que los de todo el mundo, pero yo no he debido interiorizar esa sordera de forma apropiada. Me siento solo y maltratado hasta cuando estoy rodeado de gente. Y el runrún me está matando hasta tal punto que prefiero quitarme de en medio y buscar la tranquilidad en otros confines del universo conocido, con la certeza de que lo que me encuentre será infinitamente mejor que lo que aquí me ha venido dado. Te invitaría a venir, pero mi decepción con los de tu especie (que desgraciadamente es la mía también) es tan grande que tu presencia no haría más que ahondar en la herida que lleva sangrando desde el mismo momento en que me arrancaron de las entrañas de mi madre. Te ruego que no te tortures por mi pérdida y te tomes esto como una oportunidad para mejorarte, a ti y a tu entorno, para salir de ese encierro al que te sometes y para que reivindiques la revolución sensible por la que tanto he luchado. Para mi es el final de un tiempo de sufrimiento, pero no tiene que serlo para ti. Vive y recuerda mis palabras. Obra según te dicte tu conciencia.”

Extraído de “Las últimas palabras de Maurice Cachelo”.

 

Non digas o que pensas
Podería estropeárseche a cara
Se camiñas no medio da xente
Non deixarás nin rastro
Sempre é o mesmo
Saltando ao tren dalguén

Non te levará moito
Aprender o novo sorriso
Tendrás que adaptarte
Ou estarás fora de estilo
Sempre é o mesmo
Saltando ao tren dalguén

Se o colles rápido
Poderás decir que estiveches alí
Outra vez e outra vez e outra vez
Saltando ao tren dalguén

É a última onda
Pola que andiveche devecendo
O vello ideal
Estábase facendo tan aburrido
Agora volves a estar na liña
Indo non moi lonxe
Pero na metade de tempo
Todo o mundo é feliz
Ao final son todos iguais
Porque todos van saltando
Ao tren dalguén

“Vilar deu a volta na cama. Mentres os seus ollos movíanse dun lado para o outro baixo das pálpebras, soñaba que tiña un mal día. Soñaba que tentaba durmir e non facía máis que dar voltas. Soñaba que se erguía cansado e todo eran cambadelas. As cousas polo medio, o can e o gato entre as pernas, o café no calzón, a auga da ducha moi fría, calor en novembro, una pedra do raio nos zocos, unha bandada de pegas cagonas, miradas que escarallan, vehemencias coloniais, ostracismos cotiáns e un sinfín de despropósitos que a súa cabeza sincronizou como mensaxería microcósmica. Soñou que se sentía só rodeado de xente e acompañado sen ninguén arredor. Soñou que esperaba respostas, tentativas de respostas máis ben, e que unha madalena medraba e medraba ata convertirse nun monstruo que o perseguía. Sudaba Vilar no leito e no soño cando a monstruosa madalena coa cara dun bigotudo Proust post-adolescente afogaba nos regatos formados pola súa suor. O ouvido esquerdo de Vilar empezou a zoar cun zunzún xordo. Rodou tras perder o equilibrio ata despeñarse por un buraco negro de considerables dimensións. E caeu. E caeu. E caeu. E caendo atopouse ao pequeno Isaac, que murmurou algo ao seu embigo. Aínda pasou un rato ata que puido ver a pedra. Pouco a pouco se foi achegando, como a cámara lenta e, no momento previsible da colisión, o corazón do vello xefe deixou de bategar, fatigado por tantos anos de traxín e maldicer.”

do “Pulpeira 24h. Cacicazgo emocional e emocións caciquiles” de U. Mar Bobadela.

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“La vieja y grande está en el taller, a punto de salir. Con un mes debería bastar. Dale dos para estar seguros. Un par de carreras de prueba y lista de nuevo para pasar a la acción. Ha habido que reajustarle un par o tres de mods y quizá haya que esperar un tiempo hasta que esté totalmente operativa de nuevo, ya se irá viendo, pero creo que merece la pena el esfuerzo que estamos haciendo. Incluso hemos podido instalarle unos cuantos plug-ins de última generación, pero en principio sólo software. Si resiste los testeos podemos pensar en probar con el hardware. El necesario update en protocolos de detección de toxicidad, fundamental, sobre todo tras la última. Los dispositivos de tolerancia y los abstrusores de preponderancia inquina, que ya no daban más de si, han sido sustituidos y se ha reforzado su contrachapado de estabilidad. El resto de sistemas parece estar a plenas capacidades. En cuanto sea posible probaremos el global en el nuevo entorno. Mejor que vayamos avisando ya en la V3DR4, que de tanta combinatoria endomorfa se nos va a viciar la bicha.”

(Fornitz, 2017:4)

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“Ayer nevó en la alta montaña. Y justo cuando pasó por San Antonio sonaba el pequeño pájaro de Mateo casi el escocés. Y todo el rato se acordaba de él. No un él dinámico y fluido, como son la personas que ves a diario, sino un él sólido, gélido y cristalizado en diferentes momentos de su existencia experimentada. Como si las personas nos solidificásemos y enfriásemos en el recuerdo de los demás cuando nos alejamos de ellos y nos volviésemos líquidos y calentitos al estar cerca. El recuerdo, aunque frágil, es sólido y representa un fragmento de la persona seleccionado por la emoción del momento de sí mismo. La convivencia, por el contrario, es más escurridiza. Siempre puede una pronosticar con mayor certeza lo que va a hacer u ocurrir en un recuerdo que en la realidad más inmediata. Los que tenemos cerca están sujetos a la improvisación, mientras que el cambio de lo que recordamos es más lento y sujeto a otro tipo de emociones.

Y ahora que escribo estas líneas puedo escuchar el final, también cantado por Mateo el escocés, que es un poco más larga que la pieza anterior. Y profetiza al tiempo que invoca un dulce acabose del adolecer invernal. La nieve era artificial. Pequeños copos de nieve de plástico caían de la ventana abierta. La casa en reconstrucción. La inevitable gentrificación del self que llega siempre después del desamor. La ineludible bipolaridad previa a los nuevos encuentros y experimentos . Un viento ligero los apartaba de su caída natural.

De los viejos cadáveres brotan flores blancas y verdes que buscan desesperadamente el Sol. Sol. Con mayúsculas. Sol de abril, que quema pero que no calienta. Con una cierta dosis de magnetización por lo que están en proceso de descomposición. Con un cierto regusto al regodeo decadente, a apostar a no acertar, que dijo el poeta. Conocedoras del destino impepinable y perezosas, perezosas en extremo, nos deslizamos por entre las costuras de tus sistemas para observarte en tu proceso, procesando y procesado. Sin miramientos recogemos y sintetizamos. Siempre en beneficio mutuo.

Estamos hechos de estrellas. Todo lloramos en las cumbres. Hay un camino, empedrado de cáscaras de huevo, que conduce a un lugar maravilloso. Su visión es suficiente para satisfacer a 10.739.524 palomas mensajeras, lo cual es inconvertible a términos humanos.”

BSO aquí.