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rumores


“Con los pies en el agua de algún mar atlántico pronunciarás mi nombre real dos veces y en voz bajita. La tercera la susurrarás con la arena hasta los talones, tras lo que te mojarás la nariz y las orejas con esa misma agua y me imaginarás saliendo del mar. Subiré las escaleras y desapareceré entre la multitud. En ningún momento te darás la vuelta ni cerrarás los ojos allende el consecuente parpadeo. Sin muecas ni lágrimas te tumbarás al sol. Te pondrás música en los cascos y te quedarás dormido por unos instantes. Entonces ya me habré marchado y seremos libres.”

“Si estás oyéndome a través de la garganta podrida de un tokage en descomposición es que algo ha salido mal. Intenta contener las arcadas y escucha con atención lo que te voy a contar, porque es importante y tu vida depende de ello. Cuando un tokage mire al suelo delante de ti tu suerte estará echada. Hasta entonces presta atención a las señales. Los de la brocha siempre dejan rastros de pintura y muerte a su paso. Vigila tu espalda y cúbrete los omóplatos. Nadie está a salvo mientras sigan en la ciudad. Esta vez tendrás que apañártelas sola. Carga tus lápices y afila tus pestañas. Cuando un tokage mire al suelo echa a correr y no pares hasta que la ciudad se funda con el anochecer. Prométeme que lo harás…”

Así rebuznó Zoroasteroide antes de pulsar stop.

“- Sol! Sol! Sol! Ven a verme. Cada vez que abro los ojos y te noto en mi piel las penas se desvanecen y me entran unas ganas locas de seguir combatiendo.
– Luna! Luna! Luna! No te escondas. Tu tersa mirada es oro en paño para mis caricias y no puedo ser ni sentir sin saberte en el cielo.

Cuando Juan descubrió la raiz decidió tomárselo con calma. Tres intentos de encendido y la hoguera empezó a arder desconsoladamente. Sus ojos la acompañaron en sentido contrario, purificando cualquier clase de mal en cien leguas a la redonda. Tres vueltas al retablo, tres monedas, una para cada ojo, y las facciones simiescas se evaporaron en su tránsito reptiliano. El ansiado descanso no se vio perturbado por mucho más tiempo. Algún bache sin importancia connatural al tránsito, la pérdida definitiva de los pares para la que se había preparado a conciencia y la recesiva conclusión previa al salto final. Nada importaba ya allende sus deseos. Aquella vilipendiada realidad se volvió maleable y por fin pudo volar sin más lastres que los propios de su variedad y de su gente.

– Ahí os quedáis, hijas de las pasiones mal conducidas y de la empatía mal encarada.
– Los augurios no son favorables para aquellos que desatienden y se desentienden de sus semejantes. No permitiré que nada ni nadie decida el destino de mis amores y de mis humores.”

Extracto de “Las memorias de Nuja el esclerótico neurótico”.

Isto é para cando a radio escachou e estrala coma orquídeas de uranio.
Isto é para cando o ávrego abanea os cables do telégrafo coma un feixe de ósos.
Isto é para cando as ambulancias de soños fuxen polas rúas no medio da noite.
Isto é para cando te pillan nunha revolta de durmires e o ceo non funciona.
Isto é para cando o teu sexo está cheo de vudú.
Isto é para cando a túa roupa é imaxinaria.
Isto é para cando a túa carne repta e non volve nunca máis.

Isto é para cando despois da oportunidade ven a traición.
Isto é para cando tes ganas de voltar ás árbores.
Isto é para cando cheira a fru-frú, os paxaros cantan ledos e as cores son empalagosas.
Isto é para cando sintes o inverno nos teus ósos e aínda acaba de chegar o verán.
Isto é para cando volves a empezar, de novo, novamente, once again.
Isto é para cando perdiche toda a esperanza e o único que che fai ilusión e o surrealismo cotiá do teu propio teatro.
Isto é para cando nada esperas e nada recibes, e en realidade si que esperas algo.

Foto de Jaume. Inspiratio eiquí.

“En ocasiones quisiera que me importases tan poco como lo que mi sistema sensorio interpreta que te importo a ti. Quisiera procesar impasible como te vas difuminando, como cada vez intercambiamos menos datos y de menor centralidad. Pero, a pesar de los glitches, no puedo. Algo en mis sistemas de procesado alimenticio me indica que no está bien. Sigues apareciendo en mi código fuente, afectando a hardware y software, ya no a cada línea pero si en muchos renglones de uso cotidiano. Aquella cuchilla blanca que sigo usando para cortar cables; la pasta instantánea de bolsa azul y blanca con sabor a aceite de colza que cada vez consumo menos; los calcetines a rayas de corte marciano que vuelvo a ponerme día si, día no; el motor del cepillo abrillantador que reconvertí en instrumento musical y tantas otras cosas que probablemente hayas relegado a rincones marginales de tu memoria externa engullido por tus nuevas rutinas, subrutinas y dinámicas de nueva recurrencia. Me fastidia, lo reconozco. Y me fastidia más saber que me acuerdo porque todavía te tengo en la caché. No puedo evitarlo, mi sistema computacional todavía te tiene en cuenta, como si fueses el firmware anterior sobre el que corre el actual. Y me fastidia también como nunca me ha fastidiado algo saber que los procesos que implementamos en conjunto, el historial de nuestro brownsing o los links que bookmarkeamos se irán a la papelera de reciclaje o desaparecen tras la enésima defragmentación de disco. Y mis circuitos se ralentizan, mis válvulas se atascan y un extraño líquido incoloro se condensa en mis alambiques interiores y se filtra y evapora a través de mis sensores fotosensibles sin que nadie, sintiente o fruto del artificio, note nada. Entiendo que la mecánica del proceso va en esa línea y que hay sistemas operativos que, como medida de seguridad y autodefensa, escoran hacia la reescritura más que otros. Tu cortafuegos es suave como el talco y duro como el Nitruro de Boro. Ya doy por perdidas muchas cosas, entre ellas la solicitud de acceso en caso de emergencia operativa o normativa, pues las veces en que realmente lo he necesitado los permisos me han sido denegados. Silencio administrativo o monosilabia digital. Sin embargo, lo único que demandan mis directrices fundacionales es claridad y sensitividad a fin de que el cluster de datos remanente no se corrompa y se torne un manojo de datos ilegibles y/o irrecuperables. De lo que ya no tengo certeza es de que tengas potencia para aportarme algo que realmente beneficie mi upgrade. No hay certeza cuando no hay información.”
Extracto del log de la unidad C3PZ0n. Entrada 537.4.